-Eres muy indie.
-¿Y eso es malo?
-No. Me gusta. Me gustan tus gafas negras de pasta, tu camiseta de los Ramones y tus Victoria verdes.
sábado, 14 de julio de 2012
sábado, 5 de mayo de 2012
Conversaciones imaginarias III.
-¿Y es guapo?
-¿Guapo? No te sabría decir...
-Entonces... ¿no lo es?
-No, no es eso... es que no podría definirlo como guapo o feo, no es nada de eso, es otra cosa.
-No te entiendo...
-Es... es como cuando miras a un niño. Es inocencia y es dulzura. Algo que es demasiado humano para pertenecer a la imaginación, pero tan increíble que es incomprensible su sola existencia... Es como mirar a un niño. Algo que no te puedes cansar nunca de mirar, porque está en constante cambio, porque a cada momento puede sorprenderte un detalle nuevo. Es como mirar a un niño...
Y entonces sonrió. La sonrisa más sincera que había visto en mi vida. Y comprendí con claridad lo que había intentado decirme.
domingo, 15 de abril de 2012
Universos paralelos.
Todo forma parte de algo mucho más grande que nosotros. Algo
que no podemos controlar, pero que, sin embargo, no podemos negar. Cada pequeño
detalle, cada acción que consideramos insignificante –como que esté escribiendo
esto en este momento–, cada palabra que decimos, cada paso que damos... todo
está encaminado hacía un gran objetivo.
A veces nos lamentamos, pensamos por qué pasan ciertas cosas
que no nos gustan, cosas que nos gustaría que pasaran de otra manera... pero es
imposible. No pueden pasar de otra manera. Y, echando la vista atrás, mirando
con perspectiva y conociendo los pequeños fines en sí mismos, nos damos cuenta
de que no podrían haber ocurrido si cualquier pequeño detalle, cualquier acción
insignificante, cualquier palabra, cualquier paso... hubiera sucedido de otra
manera.
Así, el universo pone en nuestro camino las oportunidades
que tenemos que coger, y las que tenemos que dejar pasar; el universo se
encarga de sacar de nuestras vidas a aquellas personas que ya no necesitamos y
se encarga de hacernos tropezar con aquellas que necesitamos conocer.
Quizás sólo sea una prueba más, otro pequeño paso, para otro fin más
grande aún, pero... qué cojones, somos tan jóvenes... disfrutaremos lo que
venga y lloraremos lo que se vaya, pero sabremos que no se habrán acabado nuestras
oportunidades. Siempre habrá algo más, siempre hay alguien...
viernes, 30 de marzo de 2012
Vete...
... y no vuelvas.
Tus ejércitos de excusas y ese imperio de la noche que mis murallas de reproches no consiguieron parar.
Quitar las alfombras rojas y vaciarme la memoria porque el pasado sólo importa si no se puede olvidar. Da igual el daño que me hayas hecho, no perderé ni un solo momento,
y es que el tiempo que me queda no te lo voy a dedicar.
Sólo quiero que te vayas, no me importa lo que hagas.
Porque tus cielos siempre amenazan, porque lo que quiero es que ahora te vayas, levantar las murallas más altas, que no las puedan ni cruzar las palabras.
El pasado solamente importa cuando te persigue, cuando nunca acaba, y yo sólo quiero que esto acabe, yo solo quiero que ahora te vayas.
Quiero retirar todas y cada una de las palabras, pasar página, ser yo, echar de menos a quien se lo merece y dedicarle mi tiempo a esas personas. Quedáis borrados de mi cabeza todos los que no lo merecéis, a partir de ya, no voy a volver a perder mi tiempo, ni a hacer nada por vosotros. No me lo reprochéis, os lo habéis ganado.
Besis, con amor. ♥
domingo, 25 de marzo de 2012
Tú.
Hace unos meses querías saber qué iba a ser de mi ahora que
ya no estabas ahí por mi... yo te dije que no era el momento, que sabrías lo
que tuvieras que saber cuando tuvieras que saberlo... pues creo que el momento
ha llegado. Me ha hecho falta una noche, esta noche, para darme cuenta de que
estás ahí, de que sigues ahí y de que nunca te irás de ahí.
¿Quieres saber algo? Siempre voy a estar ahí por ti. Esperando.
Lo que haga falta.
Por muchos que vengan, por muchos que me encanten, por
muchos que me besen, por muchos que se vayan.
¿Quieres saber algo? Te voy a esperar. El tiempo que
necesites. Todo lo que necesite yo sufrir. Todo merecerá la pena si al final
estás tú.
Porque sólo eres tú.
Algún día te darás cuenta que estamos hechos para estar
juntos. Que no existe otro destino que tú y yo. Y que eres el hombre de mi
vida... y si no te das cuenta, aquí seguiré, esperando. Esperando siempre. Lo
que haga falta. Viviendo noches como la de hoy... porque tienes que estar a mi
lado. Porque sí.
domingo, 11 de marzo de 2012
Recopilación de citas de La Historia Interminable I
"Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay."
"¡Tenía que conseguirlo, costase lo que costase! ¿Costase lo que costase? ¡Eso era muy fácil de decir!"
"... y se dio cuenta de que le sería imposible mentir. Pero tampoco podía decirle la verdad. No, lo único que podía hacer era marcharse; a cualquier parte, muy lejos."
"La calle le pareció vacía, aunque había personas aquí y allá. Pero, a quien llega tarde al colegio, el mundo que lo rodea le parece siempre muerto."
"El desván era grande y oscuro. Olía a polvo y naftalina. No se oía ningún ruido, salvo el suave tamborileo de la lluvia sobre las planchas de cobre del gigantesco tejado."
"<<Me gustaría saber>>, se dijo, <<qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo... Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles... y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.>>"
"Quizá fuera lo único que realmente sabía hacer: imaginarse algo tan claramente que casi podía verlo y oírlo."
"Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión."
"Y todas las criaturas, buenas o malas, hermosas o feas, divertidas o serias, necias o sabias, todas, estaban allí sólo porque ella existía. Sin ella no podía subsistir nada, lo mismo que no puede subsistir un cuerpo humano sin corazón."
"Aquella vez fue un signo de interrogación."
"Para quien sabe tanto como nosotras nada es importante ya. Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno..., el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante."
"-Eres muy joven, pequeño. Nosotras somos muy viejas. Si fueras tan viejo como nosotras sabrías que no hay nada más que tristeza. Mira: ¿por qué no hemos de morir tú, yo, la Emperatriz Infantil, todos, todos? Todo es sólo una apariencia, un juego en la Nada. Todo da exactamente lo mismo. Déjanos en paz, pequeño, y vete."
miércoles, 7 de marzo de 2012
A los viejos.
Muchas veces dejamos de hacer cosas por miedo. Por miedo a represalias, al qué dirán, a las consecuencias. Es cierto que toda acción tiene una repercusión que puede ser buena o mala. Sin embargo, nunca sabremos si es una cosa u otra hasta que no haya pasado.
Tenemos miedo de que vaya mal, pero si nos dejamos vencer y ni siquiera lo intentamos, nunca sabremos si pudo ir bien.
Somos jóvenes, alegres, llenos de energía y tenemos toda la vida por delante para equivocarnos y volver a empezar, para levantarnos cada vez que nos caigamos y para ser capaces de cambiar de dirección si se tuercen nuestros caminos. Si no nos arriesgamos ahora, ¿cuándo? Ahora tenemos la capacidad para enmendar los errores. Tenemos poco o nada que perder. Y cualquier cosa que perdamos, podemos volver a encontrarla, porque tenemos algo que no tienen los ancianos: tiempo.
Cada momento cuenta, puede que mañana ya no tengamos las mismas oportunidades que hoy o puede, incluso, que no queramos las mismas cosas que queremos hoy. Vamos a vencer al miedo, vamos a tomar las riendas de nuestras vidas y vamos a tropezarnos, caer y fallar por nosotros mismos, que así podremos levantarnos por los mismos motivos... que no vengan los de fuera a empujarnos, que eso es lo que duele más.
Porque tus nubes flotan, porque todos tus discos son de amor,
porque puedes cambiar tu alrededor.
Porque tus buenos ganan, porque un día se impone la razón,
porque puedes cambiar tu alrededor.
No nos arrepintamos de nada de lo que hagamos, hubo un momento en que lo deseamos, y por eso lo hicimos.
[Daos por aludidos, porque os lo dedico a vosotros, viejos ;)]
miércoles, 29 de febrero de 2012
29 de febrero.
Hoy es un día raro. No uno de esos días que te levantas y piensas "hoy no va a salir nada bien", no. Hoy sólo se repetirá dentro de cuatro años. En un día como hoy te paras a pensar un montón de idioteces, como "¿nacer un 29 de febrero? ¡Qué raro!" y ese tipo de cosas.
Pues bien, a mi me gustaría haber nacido un 29 de febrero, pocas cosas hay más especiales y raras. Me gustaría empezar una historia de amor un 29 de febrero y celebrar mi boda cuatro, ocho, doce años después, un 29 de febrero.
Me gusta que los días raros y especiales no pasen desapercibidos, igual que las personas raras y especiales no deberían pasar desapercibidas... sin embargo, mi plan para un día como hoy es simple y rutinario... haremos lo de todos los días. Un 29 de febrero normal, en el fondo, venido a menos. Un día más... y un día menos.
Aunque, si he de ser del todo sincera (y nunca se es del todo sincero), conservo la esperanza de que alguien consiga que este día raro y especial no pase desapercibido. Las personas son capaces de todo, sobre todo, de convertir un día más en un día mejor.
Y tú... ¿Qué vas a hacer para que hoy sea raro y especial?
Si me dices adiós en febrero, piénsalo dos veces...
Las miradas se rompen, los años son golpes, los días cara a la pared... y aún así volvería a pasar por el mismo camino, a buscar esa piedra con la que poder tropezar.
Y si viene febrero, temblaré de miedo, lo desconocido es brutal,
pero es mucho peor saber que ya nada va a cambiar...
Curaré ese dolor que me pone a morir cada vez que te vuelvo a vivir.
Si me dices adiós en febrero, piénsalo dos veces...
miércoles, 22 de febrero de 2012
Falta algo.
Mi esperanza parte de que no sabes lo que quieres. Mi cabeza
parte de que todo el mundo miente. Mis ojos saben que no he de mirarte, pero mi
boca te echa de menos. Me tiemblan las piernas si pasas cerca y se me eriza la
piel si me rozas sin querer. Mis manos te buscan a tientas. Escucho tu nombre.
Respiro tu ausencia.
Y este corazón que ya no tiene lugar para la esperanza...
Sé lo que nos va a pasar, vamos a evitarnos, vamos a desarropar todos los abrazos... Tramo y solución de nuestra batalla de cabeza y corazón, sigo peleando.
Es lo que nos va a pasar-
jueves, 2 de febrero de 2012
Un tren.
Yo.
Y frente a mi un abismo. Un abismo en forma de raíles de
ferrocarril. Hace mucho tiempo que por allí pasó el último tren.
Y al otro lado de las vías tú. De pie, quieto,
imperturbable. Como yo. Tan inalcanzable como incomprensible es el miedo que
tengo de morir arrollada por un tren fantasma.
Nos sostenemos la mirada como en un pulso silencioso.
El tiempo se para en un intenso instante. Pero la distancia
que nos separa parece hacerse cada vez más y más grande.
Tengo miedo. Miedo de que se haga insalvable. Miedo a que
cuando esté preparada para cruzar esa vía tú ya no estés allí.
Y sigo allí, clavada. Mirándote a los ojos. Esperando.
Y entonces te das la vuelta. Echas a andar, despacio. Podría
alcanzarte fácilmente. Avanzas con pasos cortos, lentos. Podría alcanzarte.
Pero me quedo donde estoy. Viéndote marchar. Echándote de menos incluso antes
de perderte de vista. Y las lágrimas empiezan a recorrer mis mejillas. Intento gritar,
pero en ese preciso instante pasa un tren. A toda velocidad. Mueve el viento a
mi alrededor y ahoga mi voz entre cientos de decibelios de sonido metálico.
Y
se va como ha venido. Desapareciendo en el horizonte.
Como tú.
lunes, 2 de enero de 2012
El pasado siempre vuelve.
Antes de todo yo era diferente. Hubo algo que me hizo
cambiar, me hiciste cambiar. Tus mentiras y tu indiferencia me hizo cambiar. Y
ahora ya no soy capaz de dar pie con bola. Trastabillo, me caigo, fallo... no
queda nada a derechas en mi mundo, no hay nada claro. Pasaste como un huracán y
lo dejaste todo patas arriba. Y por eso, por ti, porque nos conocimos, ahora
estoy perdida, ahora no puedo hacer promesas, no puedo sentir nada por nadie.
Ahora es imposible deshacer lo que me hiciste.
sábado, 31 de diciembre de 2011
2012
Aquí estoy, a escasas 10 horas de acabar 2011... con resaca de la vida y de todos los momentos que me ha dejado este año. Como siempre, es momento de echar la vista atrás y recordar todo lo vivido. He cumplido ampliamente la promesa que me hice un día como hoy hace un año “pecar mucho y arrepentirme poco”. He conocido a mucha gente, pero a muy pocas personas. He reencontrado amigos que creía perdidos, he estrechado lazos con muchos de los que ya estaban a mi lado y a otros los he dejado escapar. He tenido muchos aciertos y he cometido muchísimos errores. He salvado las distancias, he echado de menos hasta que me ha dolido el alma y me he despedido demasiadas veces. He escuchado música. Mucha, muchísima música. Me ha llevado a sitios que no sabía que podría llegar a conocer... podría decir que el sentido de este año ha sido la música. He puesto banda sonora a cada uno de mis días y cada canción me recuerda a alguien, a algo...
He perdido tantas cosas este año que no voy a poder recuperar, que sólo su recuerdo consigue hacer que me maree; pero he tenido a mi lado a personas tan increíbles que han conseguido que me olvide de todo lo malo, que mire al futuro y, sobre todo, que sonría. A muchos no me queda más remedio que seguir echándoos de menos (maldita distancia) y a los que tengo la suerte de teneros cerca cada día, sólo puedo deciros que sois lo mejor que me ha pasado en este año y en esta vida.
Natalia, Carlos, María, Daniel, Álvaro, Beatriz, Eric, Amalia, Javier, Nuria, Raquel, Marc, Olga, Noel, Diego, Irene, Álvaro, Pablo, Patricia, Ana, Alejandra, Mario, María, Lucas, Laura, José Manuel, Mario, Eduardo, Óscar, Miriam, María, Patricia, Marcos, Nadia, Jose, Joaquín, Mar, Irene, Raquel, Bárbara.
Todos (y alguno más que me dejo), de algún modo u otro me habéis dado lo más grande, habéis compartido un poquito de vuestra vida conmigo. Desde aquí quiero daros las gracias por eso y por mucho más que si tuviera que escribir no me daría una entrada entera para cada uno y quiero pediros perdón, por todas las veces que os he fallado, que no he estado a vuestra altura y por todos los errores que he cometido... y gracias, una vez más, por haber seguido a mi lado, a pesar de mi humanidad.
Dicen que en los detalles está el demonio. Una vida tan larga como esta tiene muchísimos demonios. Por suerte, yo conozco a muchísimos ángeles.
Espero seguir disfrutando de vosotros en 2012. Os quiero.
martes, 27 de diciembre de 2011
Uno más uno
Quería escribirte la carta más bonita del mundo. No la que te mereces, pero la que siento que te debo. No quiero escribirte las mismas cosas que le escribe cualquier persona enamorada a cualquier otra persona de la que está enamorada, sino que quiero hablarte de nosotros, de nuestra historia, de las cosas que vivimos y de las que jamás experimentaremos, de lo que hemos hablado y de lo que sólo han dicho nuestros ojos, de las cosas que nos han unido y sobre todo, de las que nos han acabado separando.
Nos conocimos de casualidad, una de estas ocasiones en las que piensas que las cosas pasan por alguna razón y en ese momento la razón era que teníamos que conocernos. Teníamos que saber que el otro existía. Muchas casualidades más tarde retomamos el contacto prohibido de un encuentro ya casi olvidado. Quizás en gran parte fuera por mi culpa y por este subconsciente mío que te saca a relucir cuando menos debe o cuando más te echo de menos yo, pero el caso es que volvimos a encontrarnos, aunque no debíamos; las normas no son algo que nos afecte a ti y a mi. Sin embargo, ese encuentro no hizo sino más daño dentro de nosotros y otros cientos de errores después te perdí. ¿Para siempre? Quién sabe... quizás algún día te des cuenta de que ese no es tu sitio, de que tu lugar está a mi lado, cerca de mi, que no hay otra persona que pueda ocupar ese hueco, aunque lo hayan intentado. Pone tu nombre. Sólo tú puedes ser soberano en el reino de mi vida. Sólo podemos ser completamente felices si estamos juntos. Sólo podemos ser uno si nos unimos los dos.
Quería escribirte la carta más bonita del mundo y me ha salido este churro. Tampoco te lo mereces, pero mi incompetente cabeza no da para más. Sólo quiero que me perdones, por cada error que he cometido, por cada estupidez que te he dicho sin pensar y cada cosa que no he hecho por sentir y por esta declaración de principios y de finales.
Quería escribirte la carta más bonita del mundo... algún día lo conseguiré.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Conversaciones imaginarias II.
-¡Basta! Por favor... si lo estás haciendo para hacerme daño, para herirme... para ya, por favor... ya lo has conseguido -suplicó con los ojos vidriosos-. Yo... no puedo soportarlo más...
Él se acercó a ella despacio. Con un brazo rodeó su cintura y con la mano que le quedaba libre la tomó por el mentón y le obligó a mirarle a los ojos.
-No quería hacerte daño, sólo ponerte celosa.
Ella apartó su mirada. Algo le dolía. Siempre le daba explicaciones. Nunca le pidió perdón.
-Pero... -prosiguió él-. Si estás enfadada es por algo... ¿Es que me quieres?
Ella lo miró con furia.
-Y si te quisiera... ¿qué cambiaría en esta situación? Tú no eres capaz de querer a nadie.
-Si tú me quisieras... me darías una razón para pelear por ti.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Música para mis ojos II: Supersubmarina.
Misma hora, mismo lugar, una semana más tarde. Esta vez en la entrada pone "Supersubmarina". Mucha ilusión y muchas ganas de verlos por fin en directo.
Después del telonero (me ahorraré la descripción de su actuación, puesto que no me gustan los teloneros en general y no quiero desacreditar a nadie, porque seguro que son muy buenos, pero yo no sé apreciarlos si van de teloneros) y de media hora esperando, salieron Chino y los suyos, muy puntuales y con mucha energía. Abrieron con Kevin McAllister y la adrenalina cundió en la sala. Nos hicieron vibrar con todos sus temas, manejando a su gusto las emociones de los que allí estábamos, subiendo y bajando de intensidad con OCB, El encuentro, Ana, Puta vida, Emperatriz o Elástica Galáctica.
Como colofón final, dejaron su canción homónima, Supersubmarina (mi favorita, para qué mentir), y Eléctrico. Dejando en el público una sensación de necesidad. De necesidad de seguir escuchándolos y disfrutando con ellos. Esperamos que ese nuevo disco prometido anoche no tarde en llegar y pdamos volver a tenerlos una noche en la capital.
Se desliza por la pista que hay del pecho a tu barriga, se despista y gira el rumbo, se perdió en la levedad de nuestro mundo.
Mecanismo de autocontrol en tus miradas, tú no quieres, pero entre los dos sólo hay palabras. Búscame un sitio, encuéntrame un rato, yo abro los brazos, llego volando... como un avión.
El avión vence a la distancia y volverá y la esfera ganará al tiempo y no se irá. El impacto se hará encuentro y el encuentro será eterno, buscarán juntos el centro, crearán desde la nada el universo.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Música para mis ojos I: Vetusta Morla
Vuelvo a casa a eso de la 1:30 de la madrugada bajo el frío
manto de la noche madrileña a estas alturas de diciembre. Pero me da igual.
Tengo el corazón acelerado, la sonrisa en la cara y la adrenalina recorriendo
mis venas. Voy bailando por la calle con los cascos puestos escuchando las
mismas canciones que escuchaba hacia apenas dos horas en vivo y en directo.
Corrían las 6 y cuarto de la tarde y me encontraba yo casi
corriendo por el Paseo de la Virgen del Puerto dirección a La Riviera, llegaba
tarde y presentía que iba a haber una cola tremenda... nada más lejos de la
realidad. A pesar de que apenas faltaba una hora y media para que abriesen las
puertas, sólo había un puñado de personas haciendo cola. Empezaba bien. Sin
embargo, un par de minutos más tarde nos damos cuenta de que nos habíamos
equivocado de cola y nos movemos hacia la que sí nos correspondía. Grata
sorpresa, pues en lugar de un puñado de personas, sólo teníamos cinco por
delante.
Después de hora y pico esperando bajo el frío, por fin nos dejan
entrar en la sala. Allí, la espera se hace todavía peor, pero van aumentando
las ganas...
Con un poco de demora, salen Pucho y los suyos al escenario,
abriendo suavecito con ‘Los días raros’ para pasar durante cerca de dos horas
de directo por sus temas más conocidos como ‘Copenhague’, ‘Lo que te hace
grande’, ‘Sharabey road’ o (una que me gusta mucho a mi) ‘El hombre del saco’,
de la cual, hace poco han sacado un estupendo videoclip.
Entre focos de colores, buena música en directo, saltos,
gritos, muchas, muchísimas sorpresas (alguna que otra colaboración, ahí lo dejo
caer...) y casi casi alguna lagrimilla de la emoción ha pasado el primero de
los cinco conciertos que Vetusta Morla van a dar en La Riviera (Madrid) en las
dos próximas semanas. Habiendo agotado los eventos posteriores, se hace
altamente exclusivo y, si cabe, más recomendable, el espectáculo.
Os queremos pronto de vuelta por vuestra tierra.
Lo que nos hace grandes es teneros delante otra vez...
martes, 6 de diciembre de 2011
Sonríes y mientes.
Estoy abandonada entre certezas y mentiras:
la certeza de que soy idiota y la mentira de que te encantaba;
la certeza de que te soñaba y la mentira de que era real;
la certeza de que te fuiste y la mentira de que te tuve;
la certeza de perderme en tus pestañas y la mentira que me contaste;
la certeza de la música y la mentira de las palabras.
La verdad y la mentira que vivimos. La cara y la cruz de lo que sentimos.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Metalingüismo.
He intentado odiarte en todos los tiempos y los modos del verbo. He intentado olvidarte por activa y por pasiva. Eres el complemento que siempre ha faltado en el predicado de mi vida, y lo cierto es que "tú" eres el sujeto de todas mis frases.
Puede que algún día nos toque vivir un futuro perfecto, olvidarnos de este presente que nos impera no cruzarnos y no volver jamás a aquel pasado imperfecto que tanto daño nos ha hecho. Mientras tanto, olvidaremos la segunda y la primera persona del singular, esperaremos poder emplear la segunda del plural y dejaremos que el subjuntivo dibuje los trazos de nuestros caminos.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Conversaciones imaginarias I.
-Eres tan insegura... siempre buscas la aprobación de los demás para todo lo que haces.
-¿Tú crees?
-¿Ves? Ya lo has hecho de nuevo. No preguntes, afirma. Pero la cosa no se queda ahí, siempre tienes las grandes ideas, pero dejas que sean los demás los que las realicen, te da miedo mancharte las manos, aunque digas que no, te da miedo lo que piensen los demás de ti, te da miedo plantar cara y decir "aquí estoy yo". Te da miedo ser tan fuerte como aparentas, pero mírate, puedes serlo. Puedes ser lo que quieras.
-Pero no quiero cambiar, quiero seguir siendo como soy, tranquila y blanda... puede que a veces algo borde, fría y cortante, pero es sólo para mantener la barrera que me protege del mundo. No quiero que me hagan más daño, cuando dejo ver lo que realmente llevo dentro, alguien me hace daño. Siempre me hacen daño.
-Eres dulce, buena, vulnerable. Pero puedes ser fuerte aún siendo todo eso. La fuerza también reside en tener más voluntad y más cuidado a la hora de elegir con quién quieres ser tú misma, a quién quieres dale el poder de destruirte.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Ceniza entre los dedos II.
El trayecto no duraba ni diez minutos en coche, pero durante el camino apenas hablamos, pues yo iba concentrada en la carretera, en los pasos de peatones y en las señales de velocidad. Él iba tranquilo, o eso me parecía a mi, sin ánimo de molestar o decir algo que pudiera desconcentrarme. Siempre tan atento...
Apenas llevábamos saliendo juntos poco más de tres meses, pero nos sentíamos muy bien el uno con el otro, teníamos confianza y nos queríamos. Antes que Gonzalo, nunca había estado con ningún chico; en parte porque ninguno me llamaba la atención y en parte por la influencia de mis padres, pues no habían querido que saliese con nadie hasta que cumpliera la mayoría de edad. El colegio de monjas al que sólo asistían chicas había hecho el resto.
Pero Gonzalo... con él fue todo muy sencillo. Nos presentó mi mejor amiga, Daniela, en la última fiesta de primavera que celebró y en su casa y, desde entonces, fue todo sobre ruedas.
Perdida en mis pensamientos y casi sin prestar atención a la carretera, me salté un semáforo que estaba en rojo y un coche que venía por mi derecha frenó en seco y me pitó. Yo seguí avanzando, pero mi corazón se había desbocado y pronto estaba temblando. Paré al lado derecho de la calle y puse las luces de emergencia. Empecé a respirar profundamente.
-Cielo, no te preocupes –dijo Gonzalo, que se había abalanzado sobre mi para abrazarme. Yo no podía dejar de temblar, de hecho, ya notaba que los ojos se me habían empezado a empañar.
-Casi... casi nos mato –acerté a decir con las manos en la cara.
-No seas exagerada –me consoló él-. Sólo debes ir más concentrada en la carretera, a saber qué tenías en la cabeza.
Me sonrió y logré calmarme un poco. Siempre me serenaba esa sonrisa tan dulce enmarcada por unos cálidos ojos marrones. Me besó suavemente en los labios. Le devolví la sonrisa, aún nerviosa.
-Venga, Susi, que ya no nos queda nada –dijo.
No hizo falta más. Volví a encender el coche y nos pusimos en marcha. Esta vez no puse la radio. No quería distracciones.
Tres minutos más tarde, parábamos frente a la casa de Gonzalo. Suspiré. Estábamos vivos.
-Lo has hecho muy bien, pequeña –dijo mientras se desabrochaba el cinturón y se acercaba a mi-. Sólo necesitas un poco más de práctica y concentración.
Sonreí, tenía razón. No sabía muy bien qué me había pasado, nunca perdía la cabeza así como así.
-Sí, ha sido la primera vez que conduzco sola... un fallo lo tiene cualquiera. Me miró de la manera más dulce que puede mirar una persona. Gonzalo hacía que todo pareciese fácil. Me colocó un mechón de pelo rubio detrás de la oreja, aunque no me gustaba que se me vieran las orejas, le dejé hacer. Me atrajo hacia sí y me besó. Un beso largo en el que nuestras lenguas jugaron a echar un pulso. Un beso largo. Pausado. Poco a poco, apasionado. Al final no nos quedó más remedio que separarnos, aunque de mala gana.
-Este fin de semana estaré solo en casa. Puedes venir a comer el sábado y vemos una película –sugirió. Y aunque había intentado disfrazarlo, yo había captado perfectamente por dónde iban los tiros. Se me aceleró el corazón de los nervios. No estaba preparada para dar ese paso, y él lo sabía.
Sí, lo sabía, tener 18 años y conservar la virginidad no era algo que se estilara, pero era algo de lo que me sentía orgullosa. Había crecido en una familia muy tradicional, era hija única, así que toda la atención recayó en mi y mis padres se habían encargado muy bien de inculcarme esos valores, por lo que yo, a mis 18 años, seguía siendo virgen, en busca de un chico que valiera la pena al que darle mi mayor orgullo. Intenté relajarme.
-Sí, supongo que podré pasarme... –respondí desviando la mirada. El ambiente se había puesto tenso. Ambos podíamos notarlo.
-Está bien, en cualquier caso, iremos hablando esta semana.
Asentí y carraspeé. Él notó mi impaciencia y salió del coche, no sin antes dedicarme un suave beso en los labios. Arranqué el coche y, esta vez sí, puse la radio.
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